Hace 175 años se usó éter como anestésico por primera vez

El 30 de marzo de 1842, el cirujano estadounidense, Crawford Williamson Long, suministró por vez primera el éter como anestésico a un paciente al cual le extirpó un tumor en el cuello. Posteriormente, Long realizó en forma exitosa unas ocho operaciones más, pero no hizo público sus resultados hasta siete años después en 1849. Razón por la cual Long no es reconocido como el descubridor de las propiedades del éter como anestésico, este lugar lo ocupa un dentista estadounidense llamado William Morton el cual realizó la primera demostración pública de las propiedades anestésicas del éter en 1846 y es por ello que se le atribuye su descubrimiento.

Crawford Williamson Long hacía varios años que venía estudiando los efectos producidos en las personas al inhalar los gases de éter, en las llamadas fiestas de éter, por esa razón, le planteó a su paciente y amigo James M, Venable, el uso de éter para realizarle un procedimiento quirúrgico con el fin de extraer los quistes sebáceos que tenía infectados. Venable acepto, ya que él también había participado en las famosas fiestas del éter que se llevaban a cabo en la ciudad. Para realizar la extracción, Long le colocó un paño empapado en éter dietílico cubriéndole la nariz y la boca a Venable, el cual se durmió plácidamente. Al despertar no creía haber sido operado ya que no recordaba nada.

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